De sus alucinaciones infantiles al infinito: así nacieron los lunares de Yayoi Kusama
Los lunares que convirtieron a Yayoi Kusama en una figura mundial del arte comenzaron mucho antes de las grandes exposiciones, las esculturas monumentales y las famosas habitaciones de espejos.
La artista japonesa, cuyo fallecimiento a los 97 años fue informado este jueves, relató que desde aproximadamente los 10 años experimentaba visiones y alucinaciones en las que determinados patrones parecían multiplicarse a su alrededor.
Aquellas experiencias terminaron trasladándose al papel y posteriormente se convirtieron en una constante de su producción: puntos, redes y figuras repetidas hasta hacer desaparecer aparentemente los límites entre objetos, personas y espacios.
Kusama desarrolló alrededor de esa idea un concepto artístico de “autodestrucción”, basado en la repetición y proliferación obsesiva de motivos.
Su lenguaje evolucionó durante décadas. En Nueva York experimentó con grandes pinturas, instalaciones y provocativos happenings; posteriormente llegarían las calabazas cubiertas de puntos y sus célebres “salas infinitas”, construidas mediante espejos y luces que parecen extenderse sin final.
Después de regresar a Japón, Kusama ingresó voluntariamente en un hospital psiquiátrico de Tokio y continuó produciendo arte desde ahí durante el resto de su vida.
Aquellas visiones que comenzaron durante su infancia terminaron convertidas en una de las identidades visuales más reconocibles del arte contemporáneo.
Kusama no intentó escapar de aquello que veía: lo transformó en arte y terminó invitando al mundo entero a entrar en sus visiones.